Cooperativa de Servicios Públicos, Vivienda y Crédito Tío Pujio Ltda.
La importancia de acompañar a quienes luchan por reconstruir sus vidas
En el marco de la visita realizada a la Asociación Civil “Abrazo de Luz”, el presidente del Consejo de Administración de la Cooperativa, Darío Eduardo Ranco, compartió estas palabras a partir de una experiencia que invita a mirar más allá de las necesidades materiales y a comprender la importancia de acompañar, escuchar y brindar oportunidades.
Una reflexión sobre la empatía, la recuperación y el valor de estar presentes.
"Unos leños encendidos a la intemperie. Cinco grados recién pasados las 9.32 de la mañana. Yerba, azúcar y una pava buscando temperatura sobre el fuego.
El mate será el primero en circular. Quizás aparezca alguna tortilla. Tal vez unas tortas fritas con grasa. Cosas simples. De esas que, cuando el frío aprieta, no solamente alimentan: abrigan.
Así comienza otra mañana en ABRAZO DE LUZ.
La ayuda hacia esta Asociación Civil, integrada por personas que luchan contra las adicciones y trabajan todos los días para reconstruir sus vidas, siempre será bienvenida. Siempre será necesaria. Y, dolorosamente, casi siempre resultará insuficiente.
Porque se puede llegar con materiales de construcción, una heladera, un televisor, estufas, frazadas o artículos para organizar un sorteo y conseguir algunos pesos que permitan afrontar una coyuntura que golpea todos los días.
Todo sirve. Todo suma. Todo ayuda.
Pero después de entregar las cosas, cuando uno se queda un rato más, cuando se sienta, comparte un mate y, sobre todo, escucha, comprende que hay necesidades que no entran en una bolsa ni se solucionan con una transferencia.
Porque la realidad sigue estando allí.
Y salir de una adicción nunca es simplemente decidir salir.
Algunos pueden hacerlo y vuelven a caer. Otros intentan regresar a una familia que ya no sabe cómo recibirlos, que los rechaza, los ignora o también carga con sus propias heridas. Buscan trabajo y las oportunidades no llegan. Golpean puertas que permanecen cerradas. Se frustran. Vuelven a intentarlo.
Y aparece una de las contradicciones más dolorosas de nuestra sociedad: muchas veces decimos que queremos recuperar personas, pero cuando esas personas necesitan una oportunidad concreta para recuperarse, les recordamos su pasado antes que reconocerles su esfuerzo por construir un futuro.
Quienes contratan quieren personas sin problemas. Jóvenes y adultos con soluciones.
Pero ¿quién les ofrece una oportunidad a quienes están intentando volver a ponerse de pie?
Allí adquiere otra dimensión ABRAZO DE LUZ.
No es solamente un espacio físico. Es contención. Es refugio. Es una puerta que todavía permanece abierta cuando otras se cerraron.
Es un lugar que hay que visitar —y, si es posible, ayudar— para comprender la vida desde otro prisma. Porque hay realidades que no se conocen desde lejos. Hay historias que necesitan ser escuchadas de cerca.
A veces alcanza con llegar sin anunciarse, sentarse alrededor del fuego y compartir un mate.
Escuchar.
Algo tan sencillo y, paradójicamente, tan difícil de practicar en estos tiempos.
Entonces uno descubre que aquellas tortas fritas compartidas no solamente ayudan a soportar una mañana de cinco grados. También existe otro frío, mucho más profundo, que no figura en ningún pronóstico: el frío de sentirse solo, rechazado, señalado o convencido de que ya nadie espera nada de uno.
Para ese frío no alcanza una estufa.
Hace falta empatía.
Hace falta afecto.
Hace falta una palabra.
Hace falta tiempo.
Hace falta alguien dispuesto a decir: todavía vale la pena intentarlo.
Y hacen falta esos abrazos de luz que, para un grupo de personas, terminaron convirtiéndose en su lugar en el mundo.
En estos días de un agosto que amenaza con frío y viento, quizás sea un buen momento para acercarse.
Arropar. Contener. Visitar. Escuchar.
Las cicatrices ya están. Algunas quedarán para siempre y serán parte de cada historia.
Pero vayamos por las heridas abiertas.
Por esas que todavía duelen.
Por esas que necesitan atención cotidiana.
Por esas que quizás no podamos cerrar nosotros, pero que pueden empezar a sanar cuando alguien decide no mirar hacia otro lado.
Porque ayudar no siempre significa cambiarle la vida a alguien.
A veces significa algo más humilde, pero inmensamente humano:
acompañarlo mientras intenta recuperarla".
DARÍO RANCO
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